Lithops: Guía básica de cuidados


Saber cómo cuidar, cultivar y reproducir Lithops es una de las dudas más habituales que recibimos. Los Lithops son una especie de suculentas tan bonita como especial.

En este artículo te presentamos una «Guía básica de cuidados para Lithops». Y para hacerla no se nos ocurrió mejor persona que Manuel Muñoz García, creador de Manolithops y un auténtico experto en este género.


Cuando desde Atípicas Suculentas me propusieron escribir este artículo, dedicado al género Lithops, me pregunté a mi mismo:

¿Qué es todo lo esencial que se debe saber acerca de los Lithops? ¿Cuáles son sus fundamentos?

La idea era mantener un nivel básico en el artículo, pero sin dejar de tratar ningún aspecto importante que pueda servir para conocer bien a este tipo de plantas. Por supuesto, cubriendo las pautas básicas para cultivarlas fuertes y saludables, pero sin olvidarnos también de su descripción, de su historia y de las especificidades de su hábitat.

No se me ocurrió nada mejor que basarme en mi libro “Lithops, piedras vivas. Guía para el cultivo (basada en la web de Manolithops)”. Al fin y al cabo, en ese libro hice lo mismo que voy a hacer en este artículo, con la única diferencia de que ahora me limitaré a resumirlo drásticamente: describir los fundamentos del género Lithops.

Lithops: el género

Historia y origen

Los Lithops existen desde hace cientos de años, probablemente miles, puede que más. Pero desde un punto de vista botánico, fue William John Burchell quien, exactamente el 14 de septiembre del año 1811, los describió por primera vez. Esto fue lo que dijo:

«Una nueva especie muy diferente. Claramente distinguible de todas las dumplings, por tener la parte superior horizontal».

Burchell identificó a esa especie de “piedra vegetal” como Mesembryanthemum turbiniforma, pero a este nuevo género, varios años más tarde, se le dio el nombre de Lithops.

Seguro que los bosquimanos y los bantúes ya los conocían muchos años atrás, pero, desde un enfoque basado en documentos, sabemos que los Lithops existen desde aquella mañana otoñal de hace más de doscientos años en la que Burchell paseaba cerca de la ciudad de Prieska, en Sudáfrica y algo llamó su atención: una piedra. Una piedra igual a todas las piedras que había por allí́, pero, a su vez, diferente. Se acercó para mirarla con detenimiento y … era vegetal. ¡Era una piedra viva!

Taxonomía

Los Lithops pertenecen a una gran familia de plantas: las Aizoaceae. La mayoría de las plantas de esta familia se caracterizan por estar bien adaptadas para soportar largos periodos de sequía.

Existen muchos géneros pertenecientes a la familia Aizoaceae. Quizá los más conocidos sean: Conophytum, Dintherantus, Faucaria, Fenestraria, Lapidaria, Lithops, Pleiospilos, Tanquana, Titanopsis, etcétera.

Podemos admitir que a buena parte de estos géneros se les llame “plantas piedra” porque, ciertamente, muchos de ellos tienen ese aspecto, pero solo los Lithops son Lithops.

Es muy frecuente ver como, incluso en viveros profesionales dedicados en exclusiva a la venta de plantas, se utiliza el término Lithops para etiquetar a plantas de su misma familia, pero de diferentes géneros.

Por ejemplo, es muy común -y también muy desagradable- ver Pleiopilos nelii etiquetados como Lithops. Grave error:

  • su aspecto físico es diferente;
  • su ciclo de vida es diferente;
  • la coexistencia de hojas de varias generaciones es normal en unos, pero no en otros;
  • la forma en que debemos regar es drásticamente diferente;

En definitiva, son dos tipos de plantas tan distintos que ni siquiera es recomendable que compartan maceta.

Hábitat

Los Lithops proceden, fundamentalmente, de dos países africanos: República de Sudáfrica y Namibia, aunque también se han encontrado colonias en regiones fronterizas de Angola, Botsuana, Zimbabue y Mozambique.

Viven en zonas pedregosas que no retienen mucha agua en las escasas ocasiones en que llueve (casi siempre en otoño). Nunca habitan en zonas de dunas ni en praderas arenosas. Tampoco lo hacen en la sabana. Suelen vivir en llanuras planas o ligeramente inclinadas, otras veces en terrenos escarpados con pendientes muy tendidas.

No toleran el clima extremadamente frio, aunque, en contra de lo que mucha gente supone, muchas especies de este género aguantan ocasionalmente temperaturas que pueden llegar a bajar hasta -10° C.

Los tipos de suelo donde prosperan pueden ser muy diferentes. Ese es el motivo que hace que cada especie tenga diferentes dibujos y coloraciones, ya que el aspecto físico de los Lithops ha evolucionado en función del tipo de suelo donde crecen, para mimetizarse con él.

Morfología

Se trata de un ser vegetal individual formado por uno, o más, cuerpos o cabezas («cuerpo» y «cabeza», en el mundo de los Lithops, son sinónimos). Su estructura vegetal es muy poco común:

Cada cabeza se compone de dos hojas opuestas que, con el paso de los siglos, han evolucionado de tal forma que han terminado fusionadas y forman una especie de cono invertido: con una parte ancha arriba, donde todavía se percibe que estamos contemplando dos hojas, por la existencia de una fisura que divide el cuerpo en dos mitades, llamadas lóbulos, más o menos iguales; y una parte estrecha abajo, donde la fusión es total y no se observan dos hojas sino una (esta parte estrecha está directamente unida a la raíz de la planta).

Ciclo anual de los Lithops

Cada año los Lithops pasan, durante el invierno, por un periodo, comúnmente llamado «de reposo», donde en apariencia no hacen nada más que secarse.

A continuación, entran en una fase «de muda», en primavera, en la que desarrollan una nueva cabeza, a veces dos, que va creciendo poco a poco en su interior y, cuando se ha desarrollado por completo, sale al exterior a través de la fisura.

En pleno verano, la mayoría de los Lithops atraviesan una fase «de parón vegetativo», en la que no hacen nada, simplemente esperan a que pasen los calores más tórridos.

Unos meses más tarde llega una cuarta fase «de floración», en otoño, en la que surge una única flor que asciende por el interior de la planta hasta hacerse visible, también al salir a través de la fisura.

Cómo cultivar Lithops

Trasplante inicial

Cuando adquirimos un Lithops normalmente no sabemos como ha sido cultivado hasta ese momento, así que lo recomendable es hacer “borrón y cuenta nueva”, para que se aclimate a su nuevo ambiente.

Conviene empezar con un trasplante a una maceta nueva, con sustrato nuevo que cumpla dos condiciones:

  • Que drene muy bien, para evitar que retenga demasiada agua cuando se riegue.
  • Que sea fundamentalmente mineral, con poca materia orgánica, para evitar que el Lithops engorde demasiado.

Antes de trasplantar es importante retirar todo el sustrato original en que venía el Lithops y comprobar que no trae cochinilla algodonosa y, en caso afirmativo, limpiarle y tratarle antes del trasplante.

Inmediatamente después de haber trasplantado, es conveniente mantener al Lithops, durante un par de semanas, en un lugar bien ventilado pero sombreado, para facilitar que sus raíces se asienten bien en el nuevo sustrato.

Cuidados de los Lithops

En este apartado repasaremos todos los aspectos a considerar, después de haberlo trasplantado, dentro de un protocolo estándar de cultivo: luz, ventilación, temperatura, riego y abono.

Luz

Si nos fijamos en el ciclo de vida anual de estas plantas, la iluminación es esencial en dos momentos críticos: en otoño, cuando necesitan suficiente luz solar para florecer y en primavera, cuando la luz es esencial para que las hojas de la muda reabsorban a las de la temporada anterior.

Si pudiéramos elegir un escenario ideal de iluminación, pediríamos que la ubicación de los Lithops sea tal que disfruten de mañanas y/o tardes soleadas, disminuyendo de forma gradual la intensidad lumínica durante las horas centrales del día, en las que agradecen un ambiente parcialmente sombreado.

Con menos luz de la necesaria podremos mantener vivos a nuestros Lithops, pero los ejemplares tendrán tonos más apagados y probablemente no florecerán; y, con mucha menos luz de la necesaria, nuestros Lithops se etiolarán (crecerán exageradamente) y estaremos en riesgo de perderlos.

En definitiva: requieren mucha luz, pero necesitan protección cuando el sol sea tan fuerte que pueda quemarlos.

Ventilación

Los Lithops no son plantas de interior. En realidad, no existen las plantas de interior. Es muy difícil cultivar ejemplares sanos sin disponerlos en un entorno bien ventilado.

En el apartado anterior vimos como una de las principales dificultades en el cultivo de Lithops es la etiolación, consecuencia a menudo de un ambiente con pobre luminosidad. Hay otro problema más grave, y más frecuente: la pudrición. Este tipo de plantas, si no están bien ventiladas, suelen pudrirse.

Tenemos que huir de ambientes claustrofóbicos y, sobre todo, de la calefacción.

Temperatura

Puede parecer extraño que la segunda causa de muerte más frecuente entre los Lithops (después de la pudrición) sean las quemaduras (o la cocción), a primera vista esto es incongruente con la circunstancia de que su hábitat se caracterice por la existencia de un sol inclemente.

Pero hay dos factores determinantes. Por un lado, los Lithops cultivados en macetas disipan mucho menos el calor que los crecidos en la naturaleza. Por otro, los Lithops que sobreviven en su hábitat natural crecen entre rocas, en laderas o cerca de arbustos, a refugio de una sombra protectora durante las horas más peligrosas del día.

En muchos casos, cuando estemos en un lugar de clima muy cálido, en pleno verano será́ necesario un soporte que permita instalar una malla de sombreo para protegerles del sol.

Los Lithops necesitan diferencia de temperatura entre día y noche, y también entre verano e invierno. En el hábitat de este tipo de plantas suele haber grandes diferencias de temperatura (superiores a los diez grados centígrados) entre el día y la noche. También, aunque parezca extraño hablando de África, existe una temporada de invierno, con temperaturas mucho más frías que en verano. Los Lithops aguantan más frio del que suponemos.

Riego

Cada año los Lithops deben pasar por una larga temporada sin ningún tipo de riego: ¡ni una gota de agua! Si estamos en el hemisferio norte, un buen momento para dejar de regar sería en noviembre o diciembre (al comienzo del invierno) y ya no lo volveríamos a hacer hasta marzo o abril (bien entrada la primavera).

Pero mejor que guiarnos por el mes del calendario es observar a las plantas: el momento exacto en el que se debe dejar de regar suele coincidir con tres o cuatro semanas después de que se hayan secado las flores; y el momento de reanudar los riegos será cuando finalice la muda de las hojas.

El periodo de riegos se extiende durante el resto del año, es decir desde el fin de la muda hasta el fin de la floración. Los Lithops necesitan ser regados, pero no mucho. Digamos que con un buen riego cada tres o cuatro semanas es suficiente.

En todo caso, la frecuencia de los riegos depende mucho de tres factores: temperatura, humedad ambiental y el tipo de sustrato utilizado para cultivarlos. Altas temperaturas y ambiente seco requieren riegos más frecuentes. Por el contrario, calor moderado y humedad ambiental implican riegos menos frecuentes. Finalmente decir que, muchos cultivadores, suelen “saltarse” uno o dos riegos durante las semanas más cálidas del verano.

Abono y fertilización

En general los Lithops no necesitan demasiado abono, porque se trata de un género de plantas que son originarias de terrenos pobres. Su hábitat natural son praderas semidesérticas en las que la riqueza del terreno es escasa. Además, como se trata de plantas que se riegan poco, los fertilizantes aportados por el sustrato duran mucho tiempo. Por lo tanto, la política de abono debe ser consecuente con el tipo de sustrato utilizado.

Por supuesto, si abonamos en exceso un Lithops, crecerá́ mucho y tendrá́ una apariencia muy lustrosa, pero eso no es necesariamente bueno. Sucede lo mismo que con el agua: si regamos demasiado a un Lithops, este engordará muchísimo, hasta que llegué un día en el que explotará. Y no es una forma de hablar: ¡explotará!

En todo caso los Lithops no viven del aire, necesitan nutrientes como todas las plantas. Por eso, dos o tres años después de haber trasplantado, cuando el sustrato se haya empobrecido, puede ser conveniente fertilizarles (en primavera y en otoño) con abonos bajos en nitrógeno y altos en potasio o, si no encontramos nada específico, también se puede usar cualquier fertilizante para cactus y suculentas, pero empleando solo la mitad de la dosis que recomiende el fabricante del fertilizante.

Problemas más comunes de los Lithops

Si cultivamos Lithops, la plaga más peligrosa, y más habitual, a la que nos enfrentaremos es la omnipresente cochinilla harinosa, que puede atacar a los Lithops que cultivamos en casa tanto como lo hace en su hábitat. En cambio, arañas rojas, ácaros y otros tipos de insectos con escamas rara vez atacan a los Lithops.

No hablaremos más de cómo luchar contra las cochinillas en este artículo, pero en Atípicas Suculentas se puede leer otro articulo sobre cómo eliminar la cochinilla algodonosa.

Hay otras plagas que también pueden causar problemas, como los gusanos y otros enemigos similares que viven bajo tierra y pueden mordisquear de vez en cuando a los Lithops, sobre todo durante los meses de verano.

En cuanto a otras afecciones potenciales, casi siempre se trata de infecciones transmitidas por algún insecto, que produce más daño como transmisor de enfermedades que como depredador de la planta.

Otro problema recurrente entre los Lithops adultos es su extraña propensión a pudrirse cuando uno menos lo espera. Da igual verano o invierno: nunca estamos libres de la aleatoriedad de la podredumbre.

Cómo reproducir Lithops

La reproducción a partir de semilla es la técnica más empleada para conseguir nuevos ejemplares de Lithops.

En realidad, esta reproducción sexual es la forma natural de propagación de los Lithops en su hábitat, donde el ciclo natural reproductivo pasa por las siguientes cinco etapas:

  1. Polinización,
  2. Fecundación,
  3. Formación del fruto,
  4. Dispersión de las semillas y, finalmente,
  5. Germinación de las semillas.

Cuando hacemos semilleros de Lithops, seguir los cinco pasos anteriores es sumamente sencillo: las semillas, si son de calidad, siempre germinan y, además, lo hacen rápidamente si les proveemos del ambiente necesario. Otra cosa es conseguir mantener vivas a las plántulas durante los siguientes cuatro meses, hasta que llegue el mágico momento de la primera muda. ¡Eso ya no es tan sencillo! Pero, profundizar en este tema necesitaría de otro artículo monográfico.


Autor invitado: Manuel Muñoz García.

Manuel es el creador de www.manolithops.es. Un auténtico experto en el género Lithops.

Autor del libro «Lithops, piedras vivas» que podéis adquirir en su página web.

También podéis encontrarlo en Instagram.

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6 comentarios en «Lithops: Guía básica de cuidados»

  1. Tengo un lithops igual al mostrado en la foto del artículo. Pero resulta que las dos mitades han crecido más largas de lo apreciado en la foto, ¿será debido a etioliacion?

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  2. Buenos 👍días. Ya Había visto algunas, pero no creía qué eran plantas, porqué si,se ven piedras.
    Pero esta bonito el articulo y muy interesante.
    Haber qué día me topo con ellas.
    Muchas gracias y felicidades a los que las tienen.
    Bendiciones 😄😪😘

    Responder
  3. Que gusto leer como cuidar los Lithops, yo creo que tengo cinco diferentes y hasta ahora me va bien pero después de leerte no sé si serán verdaderos.
    Gracias por el artículo

    Responder

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